Las 3 de la mañana. Voy al manicomio sola. No dejo ninguna nota diciendo donde estoy, no creo que nadie me eche en falta unas horas. Visto como suelo vestir en mi modo psicópata: el flequillo que me tape el ojo izquierdo, la sudadera negra con la capucha puesta, leggins negros y unas zapatillas. Me pinto los labios de negro y los ojos igual, como si fuera un cosplay de Jane the killer. Coto un bote lleno de sangre, sangre mía, y hago como si estuviera llorando sangre.
Llego al manicomio. Entro y el pasillo, la entrada, como antes, llenas de sangre. Las bombillas no dejan de parpadear. La puerta al final del pasillo, está ahí... Angus está ahí...
Abro la puerta, haciendo notar mi presencia. Ahí es cuando lo veo todo. Se estaba comiendo a un niño. Su mirada fría se fija en lo que se ve de mi rostro. Nota que de mis ojos cae algo rojo, un rojo carmesí, sangre. Se levanta de la mesa mirándome fijamente, no me reconoce, yo no hago nada al respecto, me quedo quieta, con una mirada seria. Empieza a escucharse los gritos de los niños. Por dentro siento angustia por no haberles sacado antes de aquel infierno.
La bombilla termina por fundirse, haciendo que el silencio profundo que había en la habitación, desaparezca. Angus va a atacar con esa espada enorme. ¿Mi plan? Esperar. Angus se acerca y se dispone a atacarme con la espada, cuando ve que ya no estoy ahí, estoy detrás suya. Cojo su espada con rapidez y le doy un golpe en la cabeza con el mango de la espada, dejándolo inconsciente.
Dejo la espada a un lado, meto a Angus en un saco que traje y saco a todos los niños que estaban en las habitaciones. Me llevo la espada y llevo a Angus al sitio especial que le he preparado solo para él, un antiguo almacén que ya nadie usa.
Le doy una pastilla haciendo que no pueda moverse durante unas horas. Oh sí, también me dedicaba hacer eso en mi trabajo, y muchas cosas más. Aún sigue inconsciente del golpe. Me siento en el suelo y cojo su espada y la caliento con el mechero. Empieza a despertarse lo primero que ve es una chica dándole la espalda calentando su espada con un mechero.
Yo: No sabes cuanto he esperado por esto.
Angus: Quien eres.
Yo: Una que nunca hubieras deseado conocer.
Me levanto y veo que Angus también intenta levantarse, al darse cuenta que no puede empiezo a notar en su cara algo de pánico.
Angus: ¿Qué es todo esto? No... he hecho nada malo.
Me giro y le miro, aunque él aún no puede verme bien debido a la capucha, empiezo a reírme. Me acerco a él, le ojo del cuello de su camisa haciendo que me mire.
Yo: Que mal se te da mentir. Pero sabes, hoy me voy a divertir mucho.
Cojo una aguja del bosillo y se la hinco en la lengua. Me quito la capucha, haciendo que vea mi cara.
Yo: Un demonio resiste más que un humano. Esto ni es el principio.
Angus: ¿Quién eres?
Yo: ¿Quién te hizo eso en el ojo?
Angus intenta morderme la mano, me alejo y vuelvo a reír.
Yo: Que mordedor estás hoy.
Le pongo un calcetín en la boca para que no intente nada. Cojo otra aguja y se la hinco en la oreja, lo mismo hago en un ojo y en la nariz. Le hecho whisky en el pelo, cojo el mechero y le prendo fuego. Ninguna muestra de dolor, perfecto, porque aún seguía sin ser el principio. Cojo la espada, vuelvo a calentarla con el mechero. Cuando la espada está al rojo vivo, la acerco a todo su cuerpo lentamente. Ahora si está sufriendo. Ahora esto es solo el principio.
Cojo otra pastilla, un veneno que le matará lentamente. Le quito el calcetín de la boca y le meto la pastilla. Cojo un hilo dental, me quedo mirándolo fijamente.
Yo: Siempre cantabas una canción antes de matar.
Angus: ¿Crees que un hilo dental me matará?
Yo: No es un hilo dental cualquiera.
Con el hilo dental, le corto una oreja. Oh dios, cuanto grito. Que nenaza. Seguro que estaré llena de sangre, como de costumbre. Le quito las agujas del ojo, y esta vez acerco la espada, aún al rojo vivo, y se la acerco a los ojos. Ya está ciego del todo. Es como si un ángel, le hubiera matado. Estando ciego me aprovecho y le susurro al oído "Si estás muerta o sigues viva, no me importa y todas las cosas que dejastes atrás no me importan. Eso era lo que les decías a tus víctimas"
Yo: Dentro de nada, morirás.
Angus: Soy un demonio, no puedes matarme.
Yo: Ingenuo. Sé que tienes una pistola, una que mata a todo ser no-humano, y pronto, desearás usarla, contigo.
Angus: ¿C-cómo?
Le meto una gota de ácido en la otra oreja, haciendo que esté sordo. No deja de gritar.
De inmediato, me alejo bastante de él. Angus, lentamente, coge su pistola y se la apunta en la cabeza, no deja de mirarme, está bastante sorprendido.
3...
2...
1...
Y su cuerpo explotó, esparciéndose todos sus órganos y huesos por la pared. Ya está, todo ha acabado, su miserable vida acabó. ¿Qué cómo explotó? Fácil, la pastilla estaba programada para explotar cuando el se suicidara con la pistola.
Limpio el almacén, menos los restos de Angus, que lástima, Angus no estaba destinado a ser arte, él no podía ser arte. Hay gente destinada acabar como arte, y otros no.
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